
La mujer que deseó morirse porque sufría por haber quitado la vida a su hijo con enfermedad de difícil curación. Empezó el día 21 de este mes el juicio del acusado del homicidio consentido Yukinobu Sugano de 66 años de edad, chófer de profesión y residente de Miyashimohonchou de la ciudad de Sagamihara quien satisfizo su deseo en el tribunal de distrito. “No pudo entender el dolor de su esposa y pasó al lado de matarla”. El atestado que el fiscal leyó hizo reinar el silencio en el tribunal.
El fiscal Hitoshi Yamazaki después de la declaración de apertura leyó durante una hora el testamento que la mujer del acusado Hatsuko dejó a sus dos hijas y el atestado del acusado y reprodujo la conversación hasta cometer el crimen.
Hatsuko fue acusada por matar a su hijo mayor de 40 años de edad aquel entonces que padecía esclerosis lateral amiotrófica apagando el aparato respiratorio y condenada con suspensión del cumplimiento de la sentencia en febrero del 2005, después seguía el tratamiento para la depresión.
El matrimonio viajó en el 2006 por Hokkaido con el retrato del difunto hijo.El otoño de ese año intentó suicidarse con el harakiri y después de salir del hospital, casi todos los días delante del altar budista repitió: “quiero ir a donde está mi hijo”.
Por la noche del día 11 de octubre, el día anterior del crimen, el acusado encontró el cuchillo dentro del futón de su mujer Hatsuko. El acusado se decidió a suicidarse con ella al escuchar la palabra de su mujer Hatsuko: “Ya no puedo más. Aunque me paras lo haré en unos días”.
El matrimonio abandonó el domicilio de madrugada del día 12 porque “no quería que su hija fuera la primera en descubrir” e intentó quitarse la vida en un lugar solitario pero fracasó.Regresó al domicilio y pasó más o menos hasta las dos y media de la tarde en el dormitorio de la planta baja donde vivió con su hijo mayor.
“No puedo echar la culpa a papá (a su marido)”, y Hatsuko intentó suicidarse con un cuchillo. Pero al escuchar la palabra de su mujer: “No puedo. Ayúdame papá”, el acusado colocó el cuchillo a la parte izquierda del cuello de su mujer. “Por favor. Perdón, papá”. Esa fue la última palabra de Hatsuko.
“Ya puedo sentirme mejor. No llores hija”. El acusado torció la cara y bajó la mirada cuando el fiscal leyó el testamento de su mujer Hatsuko para su hija. Al final el acusado no se ahorcó y se entregó a la comisaría de Sagamihara porque se preocupó de su hija y pensó que “tenía que explicar la razón”.
http://www.yomiuri.co.jp/e-japan/kanagawa/news/20091222-OYT8T00206.htm
Homicidio consentido: ¿Qué harías si tu amor te dijera “por favor….mátame”?
Published: 25 Diciembre 2009Posted in: Noticias


